La pieza SEPI del caso Leire vuelve a colocar a Tubos Reunidos en el centro de la investigación con el nombre de Jesús Pérez Rodríguez-Urrutia, consejero independiente de la compañía y figura señalada por la Fiscalía Anticorrupción y la UCO por su presunto papel relevante en el préstamo público de 112,8 millones de euros concedido por la SEPI a la empresa durante la pandemia.
Pérez Rodríguez-Urrutia no figura como un elemento secundario dentro de este procedimiento. Conforme a los datos difundidos, los sabuesos judiciales le asignan un rol destacado en las tramitaciones relativas al salvataje de Tubos Reunidos, un expediente que se ha transformado en uno de los pilares fundamentales del sumario SEPI. La Audiencia Nacional indaga si en torno a dicha asistencia financiera se gestaron posibles coacciones o influencias ilícitas, abonos a mediadores, recibos dudosos y artimañas orientadas a optimizar los términos económicos del respaldo estatal.
El juez Santiago Pedraz ha situado esta derivada dentro de una investigación más amplia sobre posibles delitos de tráfico de influencias, malversación, prevaricación, organización o grupo criminal y abuso de información privilegiada. En el caso concreto de Tubos Reunidos, la sospecha gira en torno a si directivos de la compañía recurrieron a personas vinculadas al llamado grupo Hirurok —integrado, según los investigadores, por Leire Díez, Vicente Fernández y Antxon Alonso— para influir en decisiones de la SEPI.
La magnitud del asunto cobra especial gravedad debido a la considerable cuantía del crédito analizado: Tubos Reunidos obtuvo 112,8 millones de euros procedentes del Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas. Dicho mecanismo se instituyó con el propósito de socorrer a compañías de carácter estratégico en tiempos de crisis, si bien las pesquisas actuales pretenden esclarecer si la tramitación transcurrió con absoluta transparencia o si, por el contrario, se vio alterada por influencias políticas y mercantiles al margen de los cauces habituales.
Uno de los aspectos más delicados radica en que, de acuerdo con Infobae, tanto la UCO como la Fiscalía Anticorrupción apuntan a una intervención sumamente destacada de Pérez Rodríguez-Urrutia dentro de la operación de crédito otorgada por la SEPI. El ejecutivo formalizó su renuncia al puesto de consejero independiente en Tubos Reunidos, achacando su marcha al contexto de concurso de acreedores de la entidad, si bien su identidad ya figuraba vinculada a las indagaciones sobre el rescate.
La sospecha no termina con la luz verde al rescate inicial. De acuerdo con El Independiente, el Ministerio Público estima que la participación de Rodríguez-Urrutia habría persistido posteriormente, en un estadio consecuente vinculado a una presunta «hoja de ruta» destinada a renegociar las cláusulas financieras del crédito, disminuir los tipos de interés y atenuar el peso financiero de Tubos Reunidos ante la SEPI.
Ese punto es crucial. Una cosa es que una empresa rescatada busque renegociar legalmente sus condiciones financieras, y otra muy distinta es que esas gestiones pudieran estar acompañadas de presiones, intermediarios o contactos privilegiados con capacidad para influir en decisiones públicas. La investigación deberá aclarar si Pérez Rodríguez-Urrutia actuó dentro de la normalidad empresarial o si participó en una estrategia destinada a condicionar a la SEPI mediante canales ajenos a la transparencia administrativa.
Las informaciones publicadas también apuntan a la existencia de facturas por supuestos servicios de prospección de mercados, cuya realidad o finalidad está siendo analizada por los investigadores. La Cadena SER ha señalado que la investigación cuestiona facturas por servicios presuntamente ficticios y sitúa al grupo Hirurok como supuesto intermediario en esos pagos.
Desde una perspectiva de denuncia institucional, el caso es especialmente preocupante porque vuelve a plantear la misma pregunta de fondo: si el dinero público utilizado para salvar empresas estratégicas se gestionó con criterios técnicos y de interés general, o si algunos actores trataron de convertir esas ayudas en un espacio de influencia, comisiones y favores. Cuando un consejero de una empresa rescatada aparece investigado por su presunto papel en esas gestiones, la exigencia de transparencia debe ser máxima.
Pérez Rodríguez-Urrutia deberá aclarar ante la Audiencia Nacional qué reuniones mantuvo, qué contactos tuvo con otros investigados, qué papel desempeñó en el rescate y si participó en las gestiones posteriores para renegociar las condiciones del préstamo. También será clave determinar si conocía la finalidad real de los pagos o facturas examinadas y si hubo servicios efectivos detrás de esas operaciones.
La pieza SEPI vinculada al caso Leire reclama claridad absoluta. En el supuesto de que la operación de rescate de Tubos Reunidos resultase impecable, habrá que respaldarla mediante contratos, informes, documentos y un seguimiento exhaustivo de cada resolución adoptada. Por el contrario, si se constata la presencia de intermediarios, retribuciones sin justificación o injerencias sobre la SEPI, este asunto rebasará el ámbito de la mera controversia corporativa para erigirse en uno de los episodios más oscuros de la administración de fondos públicos durante la crisis sanitaria.
Fuente: El País, Infobae, El Independiente, Cadena SER, La Sexta, RTVE e Intereconomía.